Hoy toca rendir homenaje a esas personas que, literal y metafóricamente, nos han salvado la vida: nuestrxs mejores amigxs.
Texto: Teresa Almanza
A veces son personas que conocemos de toda la vida y otras, son personas que tenían tiempo acercándose a nuestra vida y en el último tiempo se han vuelto una presencia luminosa en nuestra vida.
Les podemos identificar porque nos quieren tal y como somos, porque podemos pasar 8 horas continuas hablando de todo y el tiempo no nos alcanza y al mismo tiempo son esas personas que saben cuidar y respetar nuestro espacio y nuestro mundo interno.
No nos olvidemos nunca de cuidar a estas personas que nos traen de la nada un café, con quienes compartimos nuestros secretos más profundos, con quienes vulnerarnos no cuesta y no duele; estas amigas que nos reparan el corazón, nuestra historia y la vida cada vez que nos procuran, nos escuchan, nos cuidan y nos reflejan lo que tanto nos hacía falta.
Larga y buena vida a estas amistades que se convierten en personas favoritas, en familia, en hermanxs, en la red segura que nos sostiene cuando la vida se pone difícil. Qué vivan siempre las carcajadas y las lágrimas que compartimos, que vivan siempre los espacios, el tiempo y las formas para estar presentes y actualizar con nuevas experiencias esos vínculos.
En un mundo donde la atención y el estatus se centraliza en la pareja, celebremos y honremos cada día la disponibilidad, el acceso, los cuidados, los detalles, la reciprocidad, el amor infinito, la complicidad, la confianza, la ternura e incluso el romanticismo de nuestrxs mejores amigxs. Quienes siempre están, donde podemos existir sin pena ni juicio, donde un intercambio de audios con nuestra persona favorita puede acomodarnos el alma, la existencia y donde juntxs resolvemos de a poco, el mundo.







