Hay imágenes que aparecen antes que las palabras. En el caso de Kristel, muchas veces comienzan con un bosque.
Cortesía
Hay imágenes que aparecen antes que las palabras. En el caso de Kristel, muchas veces comienzan con un bosque. No un bosque literal, sino un territorio simbólico donde habitan los animales, las plantas, las personas y las memorias que forman parte de lo que somos. Su trabajo como artista nace de ese lugar: un espacio donde la imaginación, la identidad y la experiencia personal se entrelazan para construir imágenes que hablan de transformación.
Trabaja principalmente con acuarela e ilustración digital, medios que le permiten explorar lo real y lo onírico. En sus obras aparecen con frecuencia venados, mariposas, árboles y paisajes que parecen existir entre el sueño y la vigilia. Estas figuras no funcionan únicamente como elementos decorativos; operan como símbolos de los ciclos naturales que también atraviesan la vida humana: la pérdida, la renovación, la fragilidad y la resiliencia.
Uno de los personajes que atraviesa su universo visual es la niña venado, una figura que representa la posibilidad de escuchar el mundo con sensibilidad. Inspirada en distintas cosmovisiones donde el venado es guardián del bosque y mediador entre la vida y la muerte, este personaje recorre paisajes en constante transformación. A través de ella explora preguntas sobre el cuidado de la naturaleza, la memoria y la relación entre lo humano y lo espiritual.
“Con el tiempo mi práctica artística también se ha expandido hacia lo colectivo. Creo profundamente que el arte no solo se produce en el estudio; también ocurre cuando las personas se reúnen para imaginar juntas. Imparto clases de arte a niños, un espacio donde redescubro la curiosidad, la admiración y la libertad de explorar sin miedo”, comentó.
De esa convicción nacen proyectos como Musas Creativas, un espacio de encuentro donde exploran la escritura, el dibujo, el bordado y otras formas de creación como herramientas de expresión y cuidado emocional. En estos talleres el arte deja de ser un objeto distante para convertirse en un proceso compartido, donde cada persona puede reconocer su propia voz y su capacidad de imaginar.

Paralelamente desarrolla Zinapsys, un proyecto donde la joyería creativa y el diseño artístico buscan encontrarse para generar propuestas que cruzan arte, la moda y comunidad. Para Kristel, la creatividad es una forma de conocimiento: una manera de comprender el mundo y también de descubrir quiénes somos y qué historias nos sostienen.
“Mirando hacia atrás, entiendo que cada proyecto que desarrollo, ya sea una pintura, un personaje o un taller, nace de una misma pregunta: ¿Cómo podemos volver a mirar el mundo con asombro? Quizá por eso sigo regresando al bosque. Porque en él todo está en constante cambio: las hojas caen, los animales migran, las semillas esperan bajo la tierra hasta encontrar el momento adecuado para florecer”, reitera.
El arte, para ella, funciona de una forma muy similar. Es una manera de observar esos ciclos, de nombrarlos y de recordarnos que incluso en los momentos de incertidumbre existe siempre la posibilidad de transformarnos.







