En una ciudad donde el calzado forma parte de la identidad colectiva, caminar hacia el futuro también significa honrar el camino recorrido.
Texto y Fotografía: Mario Preciado
@mariopreciado_
En León hay algo que trasciende las vitrinas y las fábricas. El calzado no es únicamente una industria: es un lenguaje compartido, una herencia que ha moldeado la identidad de la ciudad durante generaciones. Aquí, fabricar un zapato significa combinar creatividad, técnica, diseño y oficio, pero también entender el pulso de un mercado que cambia con la misma rapidez que la moda.
Juan Carlos Cashat lo sabe bien. Desde la presidencia de la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG), su visión parte de una convicción sencilla: el prestigio de una industria centenaria no garantiza su futuro. Hay que construirlo todos los días.
El momento no es sencillo. La competencia internacional, los cambios geopolíticos y la transformación de los hábitos de consumo han puesto a prueba a uno de los sectores que más empleo genera en León. Sin embargo, lejos de mirar con nostalgia el pasado, Cashat habla de digitalización, comercio electrónico, inteligencia de mercados y nuevas tecnologías como herramientas indispensables para mantener vigente a una industria que siempre ha sabido adaptarse.
Quizá esa manera de entender el cambio proviene de su propia trayectoria. Antes de llegar a la dirección comercial de Grupo Coqueta, pasó por las ventas y el negocio restaurantero. Ahí aprendió tanto de los aciertos como de los errores, una experiencia que terminó por definir su forma de dirigir equipos y tomar decisiones.
Cuando finalmente se incorporó de lleno al mundo del calzado, descubrió que pocas industrias ofrecen el privilegio de empezar de nuevo cada seis meses. Las temporadas obligan a replantear diseños, materiales y propuestas sin perder el ADN de una marca. Para él, esa capacidad permanente de reinventarse es una de las mayores virtudes del sector.
Esa filosofía también define su estilo de liderazgo. Más que proyectarse como el protagonista, prefiere verse como quien marca el rumbo. Habla de establecer una dirección clara, rodearse de personas más capaces en cada área y confiar en el talento colectivo para alcanzar resultados. Cashat considera que cuando las convicciones personales coinciden con aquello que se lidera, el trabajo adquiere un sentido distinto.
Fuera de las salas de juntas, la pasión permanece intacta. Sus modelos de calzado favorito son los derby, los Oxford y los loafers de piel, los cuales reflejan una afinidad por la construcción artesanal y el detalle. Más que una preferencia de estilo, son el recordatorio de que detrás de cada par existe una cadena de creatividad, conocimiento y manos expertas.
En tiempos donde la innovación suele asociarse con romper por completo con el pasado, la apuesta de Cashat parece ir en otra dirección: demostrar que una industria puede evolucionar sin perder aquello que la hizo única. En una ciudad donde el calzado forma parte de la identidad colectiva, caminar hacia el futuro también significa honrar el camino recorrido.





