Armando Espitia responde lo que pasa cuando sales de La Oficina.
Entrevista: Natalia Millán
Fotos: Cortesía
¿Qué hábito raro tienes antes de grabar para entrar en personaje?
Creo que realmente no tengo ninguno raro. Lo que sí hago siempre es revisar que estén todos los props, porque es algo que me importa muchísimo. También procuro estar hidratado y tener agua cerca. Más que un ritual, necesito llegar listo a la escena: saber de dónde viene el personaje y hacia dónde va. Para mí siempre ha sido como hacer un switch mental y decir: “sigue esto”.
¿Cuál ha sido el mejor consejo que te han dado como actor?
Me han dado muchísimos consejos y siempre me encanta escuchar a mis maestros, pero el último que realmente me hizo reflexionar fue uno de Damián Alcázar mientras grabábamos El Mochaorejas.
Un día me sacó del set y me dijo: “El celular se queda en el camper siempre”. Yo casi nunca llevaba el celular al set, pero ese día estaba tomando muchas fotos porque me gustó muchísimo la iluminación. Él notó que me estaba distrayendo y, como mis escenas eran importantes, me lo dijo con mucha amabilidad, pero también con mucho rigor.
Me encantó porque me hizo darme cuenta de cuánta atención y conexión nos roba el celular. Ahora es algo que también les digo a mis alumnos y que trato de recordarme a mí mismo todo el tiempo.
¿Qué tan seguido te cachabas actuando como Qwerty fuera del set sin darte cuenta?
La verdad, yo no me daba cuenta hasta que el público empezó a notarlo. Era un trabajo muy peculiar porque pasábamos todo el día en la oficina y, muchas veces, aunque no tuvieras escena, tenías que quedarte ahí.
Entonces empecé a hacer cosas muy relacionadas con el personaje: dibujar, colorear mangas, leer otros mangas, jugar con realidad virtual… incluso me instalaron programas para aprender programación y diseño 3D. Todo eso era un poco en función de Qwerty, pero también se volvió entretenimiento para mí.
Diseñé muchísimas cosas en 3D para mis compañeros y compañeras, y también me la pasaba intentando programar —aunque nunca le entendí del todo—. Ahora que lo cuento, sí siento que el personaje empezó a apropiarse un poquito de mí, pero en ese momento solo me estaba divirtiendo.
¿Hubo alguna escena con Qwerty que te hiciera improvisar más de lo esperado?
La verdad no tanto, porque las apariciones y colaboraciones de Qwerty en la serie eran pocas, así que todo estaba muy medido. Pero las reacciones que teníamos hacia Jero y todo lo que pasaba en la oficina sí eran muy espontáneas.
Nunca sabías con qué locura iba a salir Fernando, qué atrocidad iba a hacer o qué texto iba a improvisar, así que nuestras reacciones siempre eran muy reales.
Me acuerdo de que me divertí muchísimo viendo la obra de teatro que hacía el personaje de Jero. Era un ejercicio actoral increíble simplemente observar a mis compañeros. No sé qué caras hice, pero estoy seguro de que eran completamente reales.



¿Qué tan caótico fue para ti grabar sin romperte de risa?
Hubo momentos en los que sí me terminé rompiendo de risa, la verdad. Teníamos un bote de castigo: cada vez que alguien se reía durante una escena tenía que poner dinero. Como pasaba muchísimo, fueron aumentando la cuota para que de verdad doliera.
A mí solo me pasó un par de veces, pero también me gustaba que mi personaje intentara aguantarse la risa, porque creo que eso es exactamente lo que uno haría frente a su jefe.
¿Cuál fue el momento más incómodo —pero también más chistoso— que te tocó grabar en La Oficina?
Definitivamente bailar y cantar frente a mis compañeros. La verdad sí fue súper incómodo. Yo disfruto muchísimo cantar y hacer show, pero normalmente lo hago solo: en la regadera o arriba de la bici estática, imaginándome que soy un rockstar.
Ya había bailado antes en una película, pero aquí era distinto porque tenía a todos mis compañeros enfrente. Era literalmente un show para ellos: haciendo lipsync en coreano, aprendiendo bien las palabras y bailando coreografías difíciles con muy poco tiempo para ensayar.
Como soy muy perfeccionista, quería hacerlo bien y eso me daba muchísimo miedo y muchísimo cringe. Me acuerdo perfecto que hice el primer pase de la coreografía y lo di todo. Entonces llegó el director y me dijo: “Bueno, pero ahora quiero que lo hagas bien, en serio”. Y yo pensé: “¡Pero si ya lo hice en serio!”. Y él solo me decía: “Más, más”.
Al final, de tanto repetirlo, se me fue quitando el miedo y terminé sintiéndome como un rockstar. Lo disfruté muchísimo y mis compañeros fueron increíbles conmigo; me dieron muy buenos consejos para sacar adelante la escena.
¿Qué excusa crees que usaría Qwerty para llegar tarde un lunes?
Estoy seguro de que Qwerty, en primaria o secundaria, era el típico que decía: “No se me secó el uniforme”. Pero ya en la oficina, creo que inventaría algo relacionado con su mamá. Siento que no tendría ningún problema en decir que su mamá está enferma con tal de justificar la tardanza.
¿Qué canción pondría Qwerty para motivarse un lunes a las 9 a.m.?
“Devuélveme a mi chica” de Hombres G… y seguramente también pondría lo nuevo de BTS.







