El mundo en el que vivimos nos lleva a un estado constante de búsqueda de hacer, queremos producir y generar recursos a toda costa, y tiene sentido porque te puedes acostumbrar a cualquier cosa menos a no comer.
Texto: Ana Karen Ocampo
@ana_ogar
El mundo en el que vivimos nos lleva a un estado constante de búsqueda de hacer, queremos producir y generar recursos a toda costa, y tiene sentido porque te puedes acostumbrar a cualquier cosa menos a no comer. Pero me parece que hemos llegado a tal punto en el que se quiere capitalizar hasta las cosas que no necesariamente tendrían que monetizarse: te gusta pintar, vende tus pinturas, que te gusta escribir, vende tus escritos, te gusta la repostería, vende galletas.
Y obviamente con esto no me refiero a que las personas que se dedican profesionalmente a las artes no deban cobrar su trabajo, –claro que deben hacerlo– a lo que me refiero es que a veces sólo te gusta hacer algo porque te gusta, porque te llena el corazón, porque te distrae de esta rápida y voraz existencia, y eso está bien.
Llego a esta reflexión porque escuché una historia el otro día de una persona que “lee libros, sin leerlos”, ¿cómo así? pues le pide a una de las IAs que le resuma el libro que le interesa y así lo consume más rápido… Y así hay personas que dicen que leyeron, pintaron o escribieron un poema, recurriendo a ChatGPT, Gemini, o Claude, y además te dicen convencidos que NO DEBERÍAS “perder tiempo” en estas cosas, que sólo deberías pedirle a ChatGPT que te lo haga. Todo sea en el nombre de la rapidez y de la utilidad que tenga lo que estamos haciendo.
Pedirle a Gemini que te dibuje una imagen en “el estilo de Van Gogh” no te hace un pintor impresionista. Ni tampoco pedirle a ChatGPT que te resuma un libro significa que lo leíste.
A veces tu trabajo te llena el corazón, que afortunado si eres de esos, pero hay otras en el que el trabajo sólo te da los recursos para vivir, y tienes que recurrir a una actividad que te haga sentir bien; escribir, pintar, cocinar, leer, cuidar tu jardín.
Nos hacen sentir que si lo que estamos haciendo no genera dinero, entonces no tiene sentido. No todo es dinero, no todo tiene que ser productivo.
Volvámonos lentos, aburrámonos, aprendamos a hacer cosas que no dominamos, tengamos este acto de resistencia a la rapidez con la que se nos exige vivir.
Leer toma tiempo, escribir, cocinar, tocar algún instrumento, acariciar…, todas estas cosas son lentas y graduales pero ¿sabes qué también lo es? Vivir.






