Incluso en el concepto delimitativo y poco sibarita de que el mejor vino es el que te gusta, primero tendríamos que saber qué nos gusta y por qué.
Texto: Joanna Vallejo (Sommelier a la Carta)
Incluso en el concepto delimitativo y poco sibarita de que el mejor vino es el que te gusta, primero tendríamos que saber qué nos gusta y por qué. Es por eso que hoy quiero tocar el punto del autoconocimiento a través de lo que consumimos. Para ello, pensé en cinco sencillas preguntas que debes hacerte para guiarte un poco sobre dónde estás parado hoy. Y digo hoy porque conozco muy pocas personas que, después de tres años como consumidores, conservan sus gustos intactos. Así que, vamos…
¿Hoy prefiero vinos dulces o afrutados?
Es la primera pregunta que, para mí, debes hacerte. Un vino dulce sabe literalmente a azúcar, quizás sutil, pero es dulce y denso en boca. Mientras que un vino afrutado es seco en boca, a pesar de que en nariz puedes confundirte, ya que se percibe jugoso y goloso.
¿Hoy prefiero vinos blancos o tintos?
Hay muchísima afición por el tinto en México pero plis jamás de los jamases, te unas a la ola de que el mejor blanco es un tinto. Simplemente son estilos y procesos. La verdad es que los vinos blancos bien hechos suelen ser mucho más elegantes, exuberantes, aromáticos, y seductores que varios tintos muy afamados. Pero si hoy estás en el mood de tintos, también se vale. Identifícalo y busca dentro de esa clasificación.
¿Me importa con qué alimentos voy a acompañarlo o solo quiero disfrutar del vino solo?
Se dice que el vino está hecho para acompañar los alimentos, pero yo creo, aún siendo gastrónoma de profesión, que el maridaje es mucho más amplio y va más allá de la comida. Podemos maridar con música, libros, personas, películas, o mi favorita, con el clima. Ahora bien, si te importa mucho la comida o estás en una situación donde vale la pena poner atención a ello, entonces busca vinos versátiles como espumosos, blancos y rosados (que maridan más fácilmente).
Por último, pregúntate si realmente distingues los vinos de tal o cual uva o solo te aprendiste el nombre:
No es que esté mal hablar de Merlot o Malbec (variedades de uva) con las que hemos tenido gratas sorpresas, pero no es algo que te dé mucha claridad sobre tus gustos, aunque parezca raro. Las cepas se expresan de manera muy diferente dependiendo de dónde hayan sido cultivadas. Para ejemplo claro, un Nebbiolo mexicano versus un Nebbiolo piamontés. Si no me creen, les dejo esta primera tarea:
Compren dos Nebbiolo mexicanos y dos Nebbiolo del Piamonte, reúnanse con amigos y cuiden que sean de precios similares. Al terminar, me encantaría saber si, después de ello, se siguen atreviendo a generalizar el vino por el tipo de uva con el que fue hecho.
Así que concluyo invitándolos a conocerse más en su apreciación sensorial, a disfrutar ese proceso de descubrimiento y a sentir seguridad cuando pedimos algo. Nadie nos conoce mejor que nosotros mismos, y rara vez permanecemos estáticos en el camino del autodescubrimiento.
Su siempre cambiante y Open Wine, Sommelier a la Carta, Joanna Vallejo
@Sommelier a la Carta






